Hablar de salud escolar no se reduce a controles médicos o campañas de vacunación. En la adolescencia confluyen hábitos, presiones sociales y vulnerabilidades que pueden marcar el resto de la vida. La Encuesta Mundial de Salud Escolar (EMSE), un instrumento diseñado por la OMS y aplicado en Argentina por el Ministerio de Salud, ofrece una radiografía detallada de lo que les pasa a los jóvenes de entre 13 y 17 años dentro y fuera del aula. Los resultados de su tercera edición, realizada en 2018 con más de 56.000 estudiantes encuestados en 523 escuelas de todo el país, siguen siendo la referencia más sólida disponible.
Alcohol: la sustancia más extendida
El dato más contundente de la EMSE es, quizás, el que tiene que ver con el consumo de alcohol. El 54% de los adolescentes de 13 a 17 años declaró haber bebido alguna bebida alcohólica en los 30 días previos a la encuesta. Lejos de ser un fenómeno marginal, se trata de una práctica ampliamente difundida que además presenta un sesgo de género llamativo: la prevalencia fue mayor entre las mujeres que entre los varones. El consumo creció con la edad, como era previsible, y fue más pronunciado entre los estudiantes de 16 y 17 años.
Lo preocupante no es solo la extensión del consumo sino su naturalización. Las edades de inicio se vienen adelantando de una edición a otra de la encuesta, y el contexto social en el que se produce el consumo muchas veces implica acceso facilitado por adultos del entorno familiar.
Tabaco: persiste entre los jóvenes
El tabaco muestra cifras menores que el alcohol, pero igualmente significativas. El 20,4% de los estudiantes encuestados consumió algún producto de tabaco durante el mes anterior al relevamiento. Al igual que con el alcohol, las adolescentes mujeres presentaron tasas de consumo superiores a las de los varones, lo que invierte la tendencia observada en la población adulta.
Un hallazgo relevante de la EMSE es la asociación entre el tabaquismo familiar y el consumo adolescente. Que se fume en el hogar duplica el riesgo de que el joven adopte el hábito. Esto señala la importancia de las políticas de ambientes libres de humo no solo en espacios públicos, sino también como eje de campañas dirigidas a los hogares.
Bullying, peleas y violencia escolar
El entorno escolar no siempre funciona como un espacio protector. Según la EMSE, el 32% de los adolescentes fue víctima de bullying, y alrededor del 25% participó en alguna pelea física durante el año previo a la encuesta. Estas cifras no discriminan por nivel socioeconómico ni por educación de los padres: el bullying atraviesa todos los estratos.
La violencia escolar tiene consecuencias que exceden el ámbito académico. Los estudios correlacionales muestran que los adolescentes sometidos a maltrato sostenido presentan mayor prevalencia de problemas de salud mental, peor rendimiento educativo y mayor propensión al consumo de sustancias. Se configura así un circuito donde cada factor de riesgo potencia a los demás.
Salud mental: la alarma silenciosa
Tal vez el capítulo más inquietante de la EMSE sea el de salud mental. Los datos de 2018 revelaron un incremento de la ideación suicida respecto a la edición anterior, con un crecimiento especialmente marcado entre las adolescentes mujeres. Cerca de uno de cada seis adolescentes reportó haber realizado un intento de suicidio en el año previo al relevamiento. La proporción fue mayor entre quienes tenían padres con menor nivel educativo: 19,3% en el caso de educación primaria incompleta, frente a un 12% cuando los padres habían completado estudios terciarios o universitarios.
Estos números obligan a repensar el rol de la escuela como espacio de detección temprana. Los docentes y equipos de orientación están en una posición privilegiada para identificar señales de alerta, pero necesitan formación específica y protocolos claros para actuar.
Sedentarismo y alimentación
Completando el cuadro, la actividad física insuficiente alcanza al 84,8% de los adolescentes argentinos, por encima del promedio mundial del 81%. El sobrepeso pasó del 24,5% en 2007 al 28,6% en 2012, y la obesidad creció del 4,4% al 5,9% en el mismo periodo. Si bien los datos más recientes de la EMSE son de 2018, las tendencias sugieren que estas cifras no se han revertido.
Para explorar estos indicadores en detalle y compararlos por provincia, podés consultar nuestro tablero de salud escolar. Asimismo, la relación entre salud, contexto socioeconómico y desempeño educativo puede ampliarse en nuestro tablero de pruebas Aprender y nuestro tablero de la Encuesta Permanente de Hogares.
Fuentes: Encuesta Mundial de Salud Escolar (EMSE) 2018 - Ministerio de Salud de la Nación, Organización Mundial de la Salud (OMS).