Pocas campañas agrícolas quedarán tan grabadas en la memoria del campo argentino como la de 2022/23. Tres años consecutivos de sequía, agravados por el fenómeno de La Niña, provocaron la peor cosecha de soja en más de dos décadas y arrastraron al PBI a una contracción que se sintió en toda la economía. La campaña 2023/24, sin embargo, contó una historia muy distinta: la llegada de El Niño recompuso los perfiles hídricos del suelo y permitió una recuperación que, en algunos cultivos, rozó los registros históricos.
Soja: de 20 millones a más de 50
El dato más elocuente de la recuperación se encuentra en la oleaginosa estrella del campo argentino. Según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la producción de soja en la campaña 2023/24 alcanzó las 50,5 millones de toneladas, unas 27,5 millones por encima de la cosecha anterior. La Bolsa de Comercio de Rosario, por su parte, ubicó la producción en torno a las 49,6 millones de toneladas. En cualquiera de las estimaciones, el salto resulta impactante: la cosecha se multiplicó por dos veces y media respecto al ciclo golpeado por la sequía.
La mejora no se explica solamente por las lluvias. La superficie sembrada con soja creció un 7% respecto a la campaña anterior, alcanzando 17,3 millones de hectáreas. Pero el factor determinante fue el salto en los rendimientos: el rinde promedio nacional mejoró un 85%, impulsado sobre todo por la Región Centro, que concentró el 76% de la producción total con un incremento superior al 200% respecto al ciclo previo.
Maíz: récord con matices
El cereal también protagonizó una recuperación significativa, aunque con un recorrido más accidentado. Las proyecciones iniciales de la Bolsa de Comercio de Rosario apuntaban a una cosecha cercana a las 59 millones de toneladas, lo que habría constituido un récord absoluto. Sin embargo, una ola de calor entre fines de enero y comienzos de febrero de 2024, sumada al avance de la chicharrita del maíz en buena parte del área productiva, obligó a sucesivos recortes.
La producción final se ubicó en torno a las 50-52,5 millones de toneladas según las distintas fuentes, lejos del récord esperado pero muy por encima de las 34 millones de la campaña anterior. Las exportaciones de maíz se recuperaron un 53%, con embarques proyectados en 39 millones de toneladas por un valor cercano a los 5.800 millones de dólares.
Para seguir la evolución de los principales cultivos y sus volúmenes de producción, podés consultar nuestro tablero de sector agropecuario.
Divisas que vuelven a entrar
La sequía de 2022/23 no solo castigó los volúmenes de producción sino que dejó una marca profunda en las cuentas externas. Se estima que las pérdidas del campo representaron un recorte de más de tres puntos porcentuales del PBI en 2023. La recuperación de la campaña siguiente revirtió buena parte de ese daño: solo la cadena sojera proyectó exportaciones por unos 19.800 millones de dólares, un 35% más que en el ciclo anterior, mientras que el producto bruto del complejo sojero se estimó en 17.200 millones de dólares.
En paralelo, Argentina recuperó su lugar como primer exportador mundial de harina de soja, una posición que había cedido durante la crisis hídrica. Los embarques de harina de soja alcanzaron los 27 millones de toneladas métricas, reafirmando el peso del país en el mercado global de subproductos oleaginosos.
Los datos de comercio exterior vinculados al agro se pueden explorar en detalle en nuestro tablero de comercio exterior.
El campo y su peso en la actividad económica
La agroindustria constituye uno de los pilares de la economía argentina. En años normales, las cadenas agroindustriales representan entre el 20% y el 25% de las exportaciones totales del país y aportan alrededor del 10% del PBI de manera directa. Cuando se incorporan los eslabonamientos hacia atrás y hacia adelante (transporte, industria aceitera, comercialización, servicios financieros), esa participación se amplía considerablemente.
La campaña 2023/24 puso de manifiesto, una vez más, la dependencia que la macroeconomía argentina tiene respecto de los ciclos del campo. La recuperación agrícola fue uno de los factores que contribuyó a estabilizar las reservas internacionales del Banco Central y a mejorar el saldo de la balanza comercial durante 2024, en un contexto macroeconómico de por sí complejo.
Perspectivas y riesgos
Los números de la campaña 2023/24 confirman la capacidad de rebote del agro argentino cuando las condiciones climáticas acompañan. Pero también dejan al descubierto una vulnerabilidad estructural: la producción agrícola del país sigue altamente expuesta a la variabilidad climática, con una infraestructura de riego que cubre apenas una fracción de la superficie cultivada. A eso se suman los desafíos logísticos, la presión impositiva sobre el sector y las tensiones recurrentes en torno a los derechos de exportación.
Para monitorear cómo evoluciona la actividad económica general y la contribución del agro al producto, podés visitar nuestro tablero de actividad económica.
Fuentes: Bolsa de Cereales de Buenos Aires, Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), Ministerio de Agricultura de la Nación, USDA, INDEC.