La Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC constituye la principal herramienta estadística para entender cómo viven, trabajan y perciben ingresos los hogares argentinos. Los datos del primer semestre de 2025 llegaron en un momento particular: el país venía de atravesar un ajuste fiscal significativo, una desaceleración de la inflación y un reacomodamiento de precios relativos que alteró profundamente la estructura de ingresos y gastos de las familias. Las cifras muestran avances en algunos indicadores y retrocesos en otros, configurando un panorama que resiste las lecturas simplificadas.
Desempleo: estable pero sin mejoras claras
La tasa de desocupación del primer trimestre de 2025 se ubicó en el 7,9%, apenas por encima del 7,7% registrado en el mismo periodo de 2024. En el segundo trimestre, el indicador descendió al 7,6%, igualando el nivel del año anterior. La tasa de actividad se mantuvo en torno al 48%, mientras que la tasa de empleo osciló entre el 44,4% y el 44,5%.
En términos absolutos, la cantidad de desocupados proyectada al total país rondó las 2,3 millones de personas en el segundo trimestre. Si bien se crearon unos 145.000 puestos de trabajo en el primer trimestre respecto al mismo periodo de 2024, la población económicamente activa incorporó 192.000 personas, lo que resultó en un aumento neto de 47.000 desocupados.
Para explorar la serie histórica completa de indicadores laborales, podés visitar nuestro tablero de la Encuesta Permanente de Hogares.
Informalidad: la deuda que se agranda
Más preocupante que la tasa de desempleo fue la evolución de la informalidad. En el segundo trimestre de 2025, el 43,2% del total de los puestos de trabajo eran informales, un aumento de 1,6 puntos porcentuales respecto al mismo trimestre del año anterior y de 1,2 puntos respecto al trimestre previo. Dicho de otro modo: casi la mitad de quienes trabajan en Argentina lo hacen sin aportes jubilatorios, obra social ni protección ante el despido.
El incremento de la informalidad convivió con una caída de 0,5 puntos en el empleo formal como proporción de la población total. En el primer trimestre, los trabajadores formales representaron el 25,7% del total, frente al 26,2% de un año antes. Este dato sugiere que una parte de la creación de empleo se canalizó hacia puestos de menor calidad.
Los datos sobre empleo registrado, salarios y su evolución pueden consultarse en nuestro tablero de empleo y salarios.
Pobreza: la caída que no alcanza
El dato de pobreza del primer semestre de 2025 arrojó que el 31,6% de las personas en los 31 aglomerados urbanos relevados vivía en hogares por debajo de la línea de pobreza. Eso equivale a unas 9,9 millones de personas. Dentro de ese universo, alrededor de 2 millones se encontraban en situación de indigencia, es decir, con ingresos insuficientes para cubrir la canasta básica alimentaria.
Si bien el indicador mostró una caída respecto al primer semestre de 2024 (cuando la pobreza había trepado a niveles cercanos al 53% en la medición del primer trimestre, en pleno impacto del ajuste), la mejora debe leerse con cautela. Parte de la reducción se explica por cambios metodológicos en la captación de ingresos que mejoraron la cobertura de la encuesta, especialmente en lo que respecta a ingresos informales y no laborales. Analistas del Centro CEPA señalaron que, corrigiendo por subdeclaración, la baja fue menos pronunciada de lo que sugiere la cifra oficial.
Los jóvenes: el eslabón más vulnerable
Los menores de 30 años enfrentaron un panorama particularmente adverso. La tasa de desempleo juvenil duplicó la general, con registros del 12,5% entre varones jóvenes y del 13,8% entre mujeres jóvenes. Además, el 70% de los trabajadores jóvenes se desempeñaba en la informalidad y el 60% vivía por debajo de la línea de pobreza. Estos números configuran una situación de exclusión que, si se perpetúa, compromete las perspectivas de movilidad social de toda una generación.
Ingresos y desigualdad
La evolución de los ingresos durante el primer semestre reflejó un proceso de recuperación parcial del poder adquisitivo perdido durante 2024. La desaceleración inflacionaria permitió que algunos segmentos de trabajadores formales recuperaran parte del terreno cedido, pero los ingresos informales y las jubilaciones mínimas quedaron rezagados.
La distribución del ingreso, medida a través del coeficiente de Gini y la brecha entre deciles, mostró señales mixtas. La distancia entre los ingresos del decil más alto y el más bajo se mantuvo en niveles elevados, con un mercado laboral que genera empleo pero no necesariamente mejora las condiciones de vida de quienes más lo necesitan.
Para monitorear la evolución de la inflación y su impacto en el poder adquisitivo, podés consultar nuestro tablero de inflación y precios relativos.
Lo que dicen los datos y lo que queda pendiente
El primer semestre de 2025 dejó un mercado laboral que logró evitar un deterioro abrupto del empleo pero que no consiguió mejorar su calidad. La tasa de desocupación se mantuvo relativamente estable, la pobreza descendió respecto a los picos de 2024 y la actividad económica mostró signos de reactivación. Pero la informalidad creciente, la vulnerabilidad juvenil y la persistencia de casi 10 millones de personas por debajo de la línea de pobreza indican que la estabilización macroeconómica, por sí sola, no resuelve los problemas estructurales del mercado de trabajo argentino.
Fuentes: INDEC (Encuesta Permanente de Hogares), Centro CEPA, Chequeado, Ministerio de Economía de la Nación.