Precios de alimentos en Argentina: evolución y peso en la canasta familiar

En un país donde la inflación es una presencia constante, los precios de los alimentos ocupan un lugar central en la conversación pública. No es casualidad: la comida representa el rubro de mayor peso en la canasta de consumo de los hogares argentinos, y cada salto de precios se traduce directamente en una menor capacidad de compra, especialmente para quienes destinan la mayor proporción de sus ingresos a comer. El primer semestre de 2024 fue particularmente intenso en esa materia.

El salto post-devaluación

La devaluación del 54% aplicada en diciembre de 2023 no tardó en trasladarse a las góndolas. Los alimentos y bebidas no alcohólicas fueron una de las divisiones del IPC que más rápido absorbieron el impacto cambiario, dado que buena parte de la cadena productiva tiene componentes dolarizados: insumos agropecuarios, combustibles para el transporte, envases importados. En los meses de diciembre, enero y febrero, la inflación de alimentos superó al nivel general, acumulando aumentos que en muchos productos de consumo masivo superaron el 100% en ese breve lapso.

A medida que avanzó el semestre, la desaceleración inflacionaria general se fue trasladando también al rubro alimentario, pero a un ritmo más lento que en otros sectores. Hacia junio, la división de alimentos y bebidas seguía siendo una de las principales responsables del incremento de los precios minoristas, explicando junto con vivienda, transporte y restaurantes cerca del 60% del aumento total del IPC en la Ciudad de Buenos Aires.

Dato clave: La inflación acumulada en 2024 cerró en 117,8%, pero el rubro de alimentos fue uno de los de mayor incidencia en el primer semestre por su rápido traslado del efecto devaluatorio.

El peso de los alimentos en la canasta

Según la estructura del IPC del INDEC, la división de alimentos y bebidas no alcohólicas tiene una ponderación cercana al 25% en el nivel general. Pero este promedio esconde una realidad fundamental: para los hogares de menores ingresos, la proporción del gasto destinada a alimentación es mucho mayor. La Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares muestra que el quintil más pobre destina más del 40% de sus ingresos a comida, mientras que el quintil más rico no llega al 15%.

Esto significa que una inflación de alimentos por encima del promedio general opera como un impuesto regresivo: golpea proporcionalmente más a quienes menos tienen. Cada punto de inflación alimentaria representa una pérdida de poder adquisitivo más severa para los hogares vulnerables que para los de ingresos medios o altos.

Productos con mayores subas

Dentro del rubro alimentario, los aumentos no fueron parejos. Las carnes vacunas experimentaron incrementos interanuales que superaron ampliamente el nivel general, impulsadas por la recomposición de márgenes ganaderos y el encarecimiento de la cadena logística. Los productos lácteos, el pan y los aceites también mostraron subas significativas, mientras que las frutas y verduras oscilaron con la estacionalidad pero mantuvieron una tendencia alcista en el acumulado.

Un factor adicional fue la eliminación progresiva de programas de precios regulados y acuerdos sectoriales que habían funcionado como contención parcial en años anteriores. Al liberarse esos controles, los precios se ajustaron a la dinámica de costos acumulada, generando saltos puntuales que se sumaron a la inercia inflacionaria.

Dato clave: Los hogares del quintil de menores ingresos destinan más del 40% de su presupuesto a alimentos, por lo que la inflación de este rubro los afecta de manera desproporcionada.

Canasta básica y pobreza alimentaria

El costo de la canasta básica alimentaria, que define la línea de indigencia, se multiplicó al ritmo de estos aumentos. Para diciembre de 2024, una familia tipo de cuatro integrantes necesitaba superar los 1.024.000 pesos mensuales para no ser considerada pobre. El valor de la canasta básica alimentaria, más restringida, se incrementó en una proporción similar. Estos valores, actualizados mensualmente por el INDEC, son los que después se contrastan con los ingresos declarados en la EPH para determinar las tasas de pobreza e indigencia.

La dinámica de los precios alimentarios en el primer semestre explica en buena medida el salto en los indicadores de pobreza que el INDEC publicó posteriormente. Cuando los alimentos suben más rápido que los ingresos, la canasta básica se encarece y más hogares quedan por debajo de la línea.

Perspectiva regional

La inflación alimentaria tampoco fue uniforme en todo el país. Las regiones del NEA y NOA, donde los costos logísticos son mayores y la competencia comercial menor, tendieron a registrar incrementos superiores al promedio nacional. El NEA, de hecho, fue la región con menores incrementos generales de precios en 2024 (103,9%), pero en rubros específicos como alimentos frescos las disparidades fueron notorias. En contraposición, el Gran Buenos Aires y la región Pampeana, con cadenas de distribución más desarrolladas, mostraron una convergencia más rápida hacia la desaceleración.

Para seguir la evolución mensual del IPC y sus componentes, podés consultar nuestro tablero de inflación y precios relativos. Los datos sobre el gasto de los hogares argentinos están disponibles en nuestro tablero de la Encuesta Nacional de Gastos, y las condiciones de ingreso en nuestro tablero de la Encuesta Permanente de Hogares.

Dato clave: Una familia tipo necesitó más de $1.024.000 mensuales a fin de 2024 para no caer por debajo de la línea de pobreza, según el INDEC.

Fuentes: INDEC (IPC, Canasta Básica Alimentaria, Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares), Dirección General de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos Aires.

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